De nada valen los sarcasmos, los envidiosos, los que se proclaman tus amigos y por la espalda te dan una puñalada. Los que te rodean para disfrutar de tus fracasos y maldecir tus triunfos. De nada les vale el querer imitar tu autenticidad, personalidad y carisma, porque un diamante brilla por si solo y con luz propia.
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